Mi primer embarazo duró 10 días.
Lo llaman embarazo bioquímico para referirse a una gestación en la que existe un test de embarazo positivo pero nunca llega a haber confirmación ecográfica porque se detiene el desarrollo del embrión en una etapa muy inicial.
Tras esos 10 días de ilusión y esperanza llegó el aborto con un sangrado espontáneo abundante.
Sufrí y lloré durante días.
Me destrozó anímicamente.
Aunque este embarazo fuera muy fugaz, no fue una pérdida insignificante para mi porque, me había tenido que atravesar muchas dificultades durante muchos años llegar hasta ese positivo (3 estimulaciones hormonales con sus pinchazos, millones de análisis y pruebas, cirugías, los nervios de 3 betaesperas etc…)
Un camino muy pedregoso recorrido con mucho esfuerzo e ilusión por ello tenía derecho a estar triste, enfadada o rota por dentro.
A los 10 días perdí a un pequeño ser que había estado buscando y esperando durante más de 1000 días (3 largos años).
Si este es tu caso, no permitas que nadie infravalora tu dolor porque fuera una gestación fugaz.
El delo por un embarazo bioquímico también es válido.
Mi primer embarazo duró 10 días pero no por eso fue menos importante
Tradicionalmente se nos ha inculcado que las mujeres alcanzamos la felicidad plena cuando nos convertimos en madres.
Entonces, ¿qué pasa si una mujer tiene dificultades para embarazarse?
Pues que en el fuero interno de esa chica puede aparecer el pensamiento "si no consigo ser madre nunca seré feliz".
Esta premisa muchas veces se ve reforzada por los medios de comunicación que representan a las mujeres que no son madres como solas y amargadas rodeadas de gatos.
O Incluso en casos más extremos se las muestra como malas mujeres.
¿Os acordáis de Rebecca De Mornay a quien la película "La mano que mece la cuna" convirtió en una psicópata asesina? No quiero hacer mucho spoiler, pero el film justifica su psicopatía con una muerte perinatal.
También es cierto que cada vez hay más voces que gritan muy fuerte que es posible vivir una vida feliz y plena sin tener hijos.
Yo, mujer que se ha sometido a varios tratamientos de fertilidad tuve que trabajar mucho a nivel personal este aspecto hasta conseguir romper el binomio (felicidad)-(ser madre). Comprender que había más vida más allá de la maternidad creo que fue una de las claves que me ayudó a afrontar mejor cada nuevo tratamiento de reproducción asistida.
En todo caso, sé que hoy primer domingo de mayo habrá muchas mujeres, que en sus casas estarán pasándolo realmente mal, viendo en las redes sociales imágenes edulcoradas de mamás con sus hijos y preguntándose si algún día ellas también van a poder realizar esa fotografía.
Yo he estado ahí y te veo.
Negación, ira, negociación, tristeza y aceptación.
Me leí todos los libros habidos y por haber y aprendí a pies juntillas las diferentes fases del duelo según el modelo de Elisabeth Kübler-Ross.
Me dispuse a analizarme a mi misma y llegué a la conclusión de que estaba atravesando la "tristeza" . Entonces pensé "bien, estoy en la cuarta etapa (tristeza), sólo me queda la última (aceptación) y este dolor asfixiante desaparecerá.
Pero unos días después sentí que había vuelto a la" ira" y empecé a pensar ¿Por qué estoy retrocediendo? Hace unos días estaba en la cuarta etapa (tristeza) y ahora regreso a la segunda (Ira). ¿Qué estoy haciendo mal?
¿Te ha pasado? ¿Has pensado que estabas haciendo algo mal?
Pues déjame decirte que no estás haciendo nada mal.
No estás retrocediendo.
Uno de los problemas de la popularización del modelo de duelo de Elisabeth Kübler-Ross es que nos hemos creído que las personas transitamos el duelo siguiendo un orden lineal preestablecido.
Y por lo tanto, cuando alguien no encaja en este prototipo puede caer en el error de pensar que no lo está haciendo bien.
Pero el duelo no es un proceso ni lineal ni ordenado, es decir, las diferentes etapas se pueden solapar al mismo tiempo, repetir varias veces, cambiar de orden, e incluso hay personas que no las llegan a experimentar todas al completo
No estás retrocediendo.
Lo estás haciendo bien.
Dirección: Sean Hanish
Intérpretes: Minnie Driver, Paul Adelstein,
Género: Drama. Estados Unidos, 2014.
Duración: 107 minutos.
SINOPSIS
Película que retrata cómo la vida de una pareja se derrumba después de la muerte de su primer hijo durante el embarazo.
CRÍTICA INFÉRTIL
La historia que nos explica esta película refleja muy bien cómo se vive el duelo por la muerte de un hijo en el vientre materno, quizás esto se deba a que está basada en la vivencia real del propio director y guionista de la película y su mujer que perdieron un hijo durante el embarazo, lo que la hace muy creíble.
Esos terribles minutos de incertidumbre desde que la matrona no encuentra el latido con el doppler fetal hasta la ecografía que confirma el fallecimiento del niño y la incredulidad de la madre al oír la noticia. Especialmente emotivo el momento de despedirse del bebé en el hospital:
Maggie: Esa hora que pasamos con él, abrazándolo, besándolo, fué la más bonita de mi vida, no quería que acabara
El vacío que se palpa cuando llegan a casa después del parto. Los comentarios desacertados cómo el "todo pasa por algo" que pronuncia una de las asistentes en pleno funeral. La desesperación con la que intentan encontrar una explicación a la muerte de su bebe con innumerables pruebas médicas. Ver como desaparece la gente cuando ella llega a la baby shower de una amiga:
Maggie: Tranquilas no es contagioso
Madre de Maggie: para la gente es duro, no sabe qué decir-
Maggie: (responde en tono irónico) Seguro que es duro para la gente...
Destacable la respuesta de Maggie ante una mujer que intenta consolarla hablándole del plan de Dios:
Maggie ¿El plan perfecto de dios para mi era que yo sufriera una pérdida tan dura?
Hacia la mitad de la película aparece una conversación maravillosa entre Maggie y su ginecóloga, un diálogo entre dos madres en duelo:
Ginecóloga: Al séptimo mes su corazón se paró. Lo perdí y nunca lo recuperaré. Perdí una parte de mi que nunca recuperaré y, yo estudiando medicina, estudiando para ser médico y traer niños al mundo y no pude traer al más importante.
Maggie: Lo siento mucho
Ginecóloga: Hay vida después de esto, te lo aseguro (...) Los quisimos todo lo que pudimos mientras estuvieron aquí, nadie nos podrá quitar esto nunca, siempre serás la madre de Arthur.
El final de la película también se trata muy de puntillas como es un embarazo arcoiris después de una muerte perinatal.
Aaron: Esta vez no va a pasar
Maggie: ¿Cómo lo sabes?
Para acabar, me gustaría resaltar la escena en la que la madre de Maggie confiesa que ella también sufrió pérdida ya que através de ella podemos observar como antiguamente se ocultaban este tipo de muertes no hablando de ello:
Madre de Maggie. Yo tambien perdí un bebe un año antes de tener la suerte de tenerte
Maggie: ¿Por qué no me lo has contado nunca?
Madre de Maggie: Bueno...ni siquiera se lo conté a mi madre, antes estas cosas no se hablaban (...) No es solo la pérdida de un bebé, es la pérdida de la posibilidad de lo que pudo ser.
En definitiva me parece una adaptación excelente tanto para aquellos que hemos vivido una muerte perinatal, ya que es muy fácil identificarse con esta pareja, como para los que desconocen este tipo de pérdidas pues, esta película quizás sea una buena oportunidad para comprender mejor qué significa perder a un hijo en el vientre materno.
Si te apetece ver la película puedes visionarla en abierto desde el siguiente enlace: Volver a vivir (Return to zero).
A las pocas semanas de haber perdido a mi niño, un amigo vino a visitarme con la intención de “obligarme” a salir de casa y así respirar un poco de aire fresco.
Me llevó a un pueblecito marinero muy cerca de mi casa. Estábamos en pleno mes de agosto y, los turistas paseaban desenfadados por el paseo marítimo con sus chanclas y bermudas. No sentamos en los sofás de una terraza decorada a modo “chill out” con el mar frente a nosotros, de un azul precioso y a lo lejos se podía ver la silueta de un velero. Teníamos delante una panorámica preciosa y además la brisa marina era muy agradable. Pedimos unos granizados para combatir el calor.
Tras dar el primer sorbo pensé en lo bien que estábamos allí sentados sin hacer nada, tan solo charlando viendo el mar. Y me sentí bien, muy bien.
Hacía semanas que no me sentía así de cómoda y relaja pero de pronto allí sentada en ese sofá blanco hubo algo en mi mente que se activó - ¿cómo puedo estar aquí sentada como si no hubiera pasado nada si acabo de perder un bebé? - Había aparecido la culpabilidad
Me sentía mal por sentirme bien. Menuda contradicción ¿verdad? Estar mal porque estas bien.
Sentí el impulso de querer volver a mi casa pues creía que estar allí en aquella terraza no era correcto, pensé que estaba dejando atrás a mi bebé.
Me sentía culpable de seguir adelante sin el.
Me sentía culpable de sentirme bien.
Aún hoy me siento así en muchas ocasiones.
A las 14:15h del 25 de julio, nació sin vida mi pequeño Joan.
No pude verlo, rápidamente se lo llevaron. Yo expresé mi deseo de poder estar con él pero la ginecóloga me respondió “después, cuando todo haya terminado” pues aún estaba pendiente la expulsión de la placenta.
Después de 5h, sobre las 19h de la tarde, una comadrona lo trajo envuelto en una de esas sábanas verdes de los hospitales. Cuando me lo entregó, antes de marcharse y dejarnos a solas, me dijo “eres muy valiente”.
Ciertamente una nunca imagina ni en sus peores pesadillas que va tener que dar a luz a su bebé sin vida pero... ¿Fui valiente por querer ver a mi hijo? Yo creo que no.
Más bien se trataba de la única oportunidad que yo tendría de estar con el.
La única vez EN TODA MI VIDA en que podría sostenerlo en mis brazos, acariciarlo y abrazarlo por que después de este día JAMÁS podría volver a hacerlo.
Ahora sé que no todas las mamás tienen la oportunidad de decidir si ver o no a sus bebés ya que no todos los hospitales pemiten esta posibilidad. Y sinceramente, me apena mucho que otros decidan por nosotras supuestamente por nuestro “bien”.
Yo puede estar con el y era un bebé precioso, perfecto. Pude tenerlo en mis brazos, besarle, acariciarle, hablarle y explicarle lo mucho que le queríamos. Y para mi estos minutos que compartí con mi bebé son inolvidables.